(Extracto de la columna escrita por Manuel Guzmán Hennessey en la revista electrónica Razón Pública)Para escribir sobre el drama del presidente Obama, acorralado entre una marea negra de petróleo y el llamado "principio precautorio", me propuse buscar una fotografía del presidente de la BP, Tony Hayward, quien hace dos fines de semana decidió irse a una regata en la isla de Wight, en Gran Bretaña.
En el fondo de su corazón, y también de su yate, el señor Hayward sabe que el presidente, aunque quiera, no podrá tasar el valor del daño infligido al medio ambiente y a los seres humanos. Será la compañía que él preside la que le dirá al mundo entero cuánto, según ella, cuesta el daño. Ya empezó a decirlo: 20 mil millones de dólares. Cifra sacada de un sombrero de mago, puesto que tampoco Hayward sabe, exactamente, en qué consiste el daño, y por lo tanto carece de la posibilidad de calcularlo.
Con el fin de entender las noticias que tienen al cinismo como su piedra estructural, me gusta ir a la cara de las personas. Y es allí donde entiendo lo que realmente sucede.
Me ha ocurrido otras veces, con el presidente Uribe por ejemplo. La observación detenida de sus músculos faciales me ha facilitado, siempre, una mejor comprensión de lo que dice.
Más allá de los términos
Si prescindimos de la imagen y nos atenemos a las escuetas palabras, nos perdemos de la posibilidad de agregar a la comprensión de los hechos, no sólo lo que expresan sino principalmente lo que ocultan.
Con George W. Bush el ejercicio era, para mí, más divertido, porque tenía que acudir a cierta lógica inversa, puesta al servicio de mi detector personal de cinismo, para descubrir no las ocasiones en que mentía sino aquellas en las que decía la verdad.
Con Tony (y él perdonará mi confianza) no tengo mayor experiencia, pues no es un personaje público sino privado, pero algo me ha dicho hoy su rostro, capturado para los lectores de este artículo en el diario La Gaceta, de Tucumán. ARTÍCULO COMPLETO.
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